Qué ver en Madrid: "El Rascainfiernos"

Si alguna vez coincides con Paco Nieva en una fiesta y se ofrece a tirarte las cartas, corre. Seguro que aquella noche Fernando Higueras pensó lo mismo después de ver una y otra vez el mismo resultado. El caso es que, tuviera en cuenta o no el poder adivinatorio de su amigo dramaturgo, Higueras decidió construir una vivienda bajo tierra dónde durante tres décadas engañó a doña Osamenta.

La excesiva intensidad con la que Fernando vivía la vida y su amor por las mujeres le condujo rápidamente a un más que previsible divorcio. Tras la ruptura, el arquitecto madrileño decidió abandonar su antiguo hogar para iniciar una nueva etapa de soltería en el jardín de la casa de su ya, por aquel entonces, ex-mujer. 
La orquesta formada por picos y palas -las máquinas no podían entrar al jardín- pronto captó la atención de los vecinos dando pie a incómodas preguntas a las que él siempre respondía con las mismas palabras: "Señores, me estoy haciendo una piscina para practicar saltos de trampolín" decía con su escandaloso carácter.
Desde el exterior, el único indicio de que ahí existe una casa, son 4 claraboyas cuadradas de 2'20m de lado. A través de ellas la luz inunda un espacio a doble altura de 7 metros. La luz cenital inunda todas las estancias, organizadas en un cubo de 9x9x7m.
En la primera planta se ubican los espacios comunes y el dormitorio. Ambos vuelcan sobre el estudio que se encuentra en la planta inferior. En el mismo, y desde una hamaca colgada en el centro del espacio principal, se puede apreciar el cielo de Madrid.

"Lo cierto es que no sientes claustrofobia. Te sientes mejor que en un apartamento donde te da un sol de justicia. No tienes que protegerte de nada ni de nadie. No van a construir delante jamás. No molestas ni te molestan los vecinos" ...

...suele contar Lola Botia, última pareja de Fernando durante 20 años y actual responsable de la Fundación. 
Mucho antes de la llegada de la etiqueta "sostenible", nunca hizo falta una gran instalación de aire acondicionado ni calefacción. En la cueva hay unos eternos 20 grados. Es curioso cómo una casa que no se ve siquiera, tiene la mejor de las virtudes de la arquitectura: invitar a quedarse
El Rascainfiernos*, como él lo llamaba, acumula cientos de historias. Era su lugar de aislamiento, pero también de jolgorios -presumía de haber rodado más de 2000 películas subidas de tono-. En las paredes no queda un hueco libre. Fragmentos manuscritos de novelas, cuadros de Antonio López, bocetos de Chillida y recuerdos de amigos como Gloria Fuertes, César Manrique, Saura o Soledad Lorenzo.
A pesar de los excesos, el golfo entrañable con aspecto de marinero nunca devoró al arquitecto y la casa está llena de detalles: no hay aristas en los encuentros de los paramentos, para poder así disfrutar de toda la gama de blancos y grises de la luz. La escalera está ejecutada a base de escalones con tres únicas piezas de madera maciza. Sillas y mesas son más bajas de lo habitual para tener conciencia plena del espacio. Y las estanterías, ejecutadas con un perfil de acero lacado en L, recorren todas las estancias a 2'10m del suelo dando unidad al conjunto.
Actualmente la casa se ha convertido en la Fundación Fernando Higueras pero mantiene intacto el estado en el que este la dejó en 2008. Puedes acercarte hasta Maestro Lassalle 36 y visitarla (con previo aviso) de la mano de Lola. Más info aquí.
Sección de la vivienda 1 Claraboyas para contemplar el cielo 2 Espacio a doble altura para el estudio 3 Espacios comprimidos para el resto de estancias

(*) Le gustaban los juegos de palabras, las Bellas Artes eran las Birrias Artes y, cuando en su caótico discurso se desviaba, le echaba la culpa a un supuesto alféizar, por alzhéimer. Hoy en día, en una sociedad tan políticamente correcta, la desmesura de Fernando resulta cautivadora. 

¡Nos vemos!



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